Usar, actualizar y tirar

Hemos llegado al 2015. Hace treinta años Doc inventó una máquina del tiempo y se vino a visitarnos, con nuestros coches voladores y abrigos inteligentes autoajustables. Marty McFly tuvo suerte de que Doc hiciera su máquina en 1985 y no en 2015 y no se esperara hasta el día de hoy, porque entonces de poco le habría servido: con una máquina del tiempo de 2015 sería imposible viajar treinta años hacia el futuro, porque al primer año de camino habría tenido que actualizar diecisiete veces el firmware y seguramente se tardaría menos esperando sentado en una silla que dentro del nuevo Delorean.

La obsolescencia programada, que tan de moda estuvo hace unos años, está cayendo en desuso, seguramente porque ya se les empezó a ver demasiado el plumero y hay paises como Francia* que ya se están planteando prohibir ese tipo de prácticas por ley. En Australia, por ejemplo, los fabricantes de impresoras tienen prohibido usar sus “sistemas de estimación de niveles de tinta” para obligar al usuario a comprarse cartuchos nuevos cuando aun tienen carga. Ese tipo de prácticas van a ser pronto cosa del pasado, esperemos.

La moda hoy en día es hacer tecnología de usar y tirar, y dominar al usuario con las actualizaciones de software y hacer obsoleto el sistema que se vende no mediante la programación de sus componentes, sino mediante la programación de un calendario de ventas de nuevos productos que desbanquen al anterior.

El ejemplo paradigmático son los teléfonos móviles. Un ladrillo clásico servía para llamar por teléfono y mandar y recibir mensajes SMS. Hoy en día, ese mismo teléfono sirve para llamar por teléfono y mandar y recibir SMS. Es decir, que el teléfono que te compraste hace quince años para cumplir dos funciones básicas sigue sirviendo exactamente para lo mismo y seguramente sólo necesites cambiarle la batería.

¿Qué pasa con los teléfonos de hoy en día? Perdón, no son teléfonos, son smartphones, que tienen muchas funcionalidades (¿esto no se decía “funciones” en castellano?) más. Supongamos un smartphone de gama media de cualquier compañía conocida, a la que llamaremos Sauron Inc. Uno de esos que no costaban dinero, sólo vender tu alma durante tres meses a un proveedor de telefonía (ahora eso tampoco pasa, cuestan tiempo y dinero al mes). Ese dispositivo sirve para llamar por teléfono, mandar y recibir SMS, chatear, navegar por internet, recibir correos, hacer fotos y videos, iluminar el hueco de debajo de la cama y recibir felicitaciones navideñas de tu cuñado. Todo bien… al principio. Al poco tiempo te das cuenta de que navegar por internet mejor no, y de llamar ni hablamos, porque entonces no te queda batería el resto del día.

Menos mal que Sauron Inc. ha sacado una actualización del sistema operativo que, además de hacer una mejor gestión del consumo de batería (ya podían haberse dado cuenta antes), soluciona un número indeterminado de problemas de seguridad que no especifican. Ahora si, seis meses después tu smartphone vuelve a servir para algo. Pero amigo, no han pasado ni dos meses y ha vuelto a salir otra actualización del SO, nada importante, más problemas de seguridad. Y al mes otra, pero resulta que el procesador de tu teléfono en lugar de tener cuatro núcleos tiene dos, y no puedes actualizar el sistema operativo.

No pasa nada, tienes todas las aplicaciones que necesitas para ser un ciudadano normal: el Chat, la Red Social, la Otra Red Social, la Red Social de Fotos… Durante unos meses. Llegado el momento, tu sistema operativo es demasiado antiguo y tiene demasiados de esos desconocidos problemas de actualizaciones de seguridad que hacen que los desarrolladores de todas esas aplicaciones dejen de actualizarla para tu teléfono. A la tercera que no actualices, ya no las puedes usar. Y entonces tu smartphone se convierte en un teléfono móvil con el que sólo puedes llamar y mandar y recibir SMS.

¿Te imaginas? ¿Sólo llamar por teléfono y usar mensajes cortos? Puedes comunicarte instantáneamente con cualquier persona en el globo pero te has quedado fuera de los chats de grupo, cenas de navidad, reuniones de antiguos alumnos, memes de Julio Iglesias y videos que fueron virales en 1999. Eso no puede ser, ESTÁS FUERA DE LA SOCIEDAD. Así que te quedan dos opciones: esperar que pasen los dos meses que quedan para que te acabe la permanencia y volver a vender tu alma al diablo, o gastarte la pasta en un teléfono de última generación y alta gama; o cualquiera de las posibilidades intermedias de financiación que ofrece el operador de telefonía que tenga concierto con Sauron Inc. También podrías dar tu teléfono del trabajo y tu correo electrónico y sugerir que fuera del horario de oficina no vas a estar disponible, pero el tema de cómo la tecnología ha ‘mejorado’ nuestras condiciones de trabajo tiene otro post en si mismo.

Todo este esquema de negocio que es tan evidente en el tema de la telefonía móvil se puede extender a cualquier aparato electrónico. Normalmente son fáciles de reconocer porque en lugar de llamarse ‘normal’ tienen un nombre en inglés con un prefijo vagamente moderno, y en su castellanización suelen ir acompañados de la palabra ‘inteligente’. Si en lugar de un ordenador te venden un ultrabook, nanolaptop o teracomputer seguramente ya la hayas cagado. SmartTV, smartbox, tablets, blurays, todos tienen actualizaciones continuas que hacen que pase de no servir a servir y a estar obsoletos.

Este modelo de negocio se extiende cada vez a más campos, no solo al tecnológico, pero lo más curioso es que viene del campo de los detergentes: año tras año, por lo menos desde que se inventó la publicidad en televisión, las marcas de limpieza no paran de innovar y sacar detergentes que lavan la ropa cada vez más y más blanca. Por supuesto, conservan el anterior producto y la nueva fórmula es ligeramente más cara, hasta que el antiguo termina por desaparecer. No sabemos cuando terminará esta serie, pero mi detergente deja las cosas limpias y los blancos blancos. Y el que usaba mi madre en los ochenta dejaba las cosas limpias y los blancos blancos. ¿En los cincuenta la gente iba toda de gris y con la ropa llena de mierda? Lo dudo, seguramente sus detergentes limpiaran y dejaran los blancos blancos.

Parece que estamos llegando al límite en lo que a blancura se refiere, pero es una pena, podríamos haber terminado con todo esto mucho antes. Doc si que inventó una máquina del tiempo en 2015 para mandar a la chica del anuncio de lejía treinta años al pasado y enseñarnos como de blancas podían quedar las cosas, pero todas las actualizaciones que tuvo que hacer al condensador de fluzo en el hiperespacio han hecho que no le haya dado tiempo a ir más atrás del 2014.

Instrumentos de medida

Seguramente todos los estudiantes de física conozcan la anécdota de Niels Bohr y el barómetro. Para aquellos que no la conozcan y estén desarrollando truculentas imágenes en su cabeza, paso a resumirla brevemente:

Según cuenta la leyenda, un profesor puso en un examen la pregunta “demuestre cómo se puede medir la altura de un edificio con un barómetro” y, entre muchas respuestas correctas se encontró con una que decía algo así como “atas una cuerda al barómetro, lo descuelgas de la azotea, marcas la cuerda y mides la distancia con un metro” (**SPOILER ALERT***: era Bohr). Como no era una respuesta errónea pero iba en contra del espíritu de la pregunta, le permitieron repetir el examen. Las respuestas posteriores eran del tipo: “mides el barómetro y vas haciendo marcas según subes la escalera, para luego multiplicar la altura del barómetro por el número de marcas”, “tiras el barómetro desde la azotea, cuentas el tiempo que tarda en caer y aplicas la fórmula de la caida libre” y demás, para terminar con un “vas a la portería y le preguntas al portero la altura del edificio a cambio de un bonito barómetro”.

Al final, el estudiante era Bohr.

Esta anécdota es el típico cuento que te presentan en el primer curso de una facultad de ciencias para demostrarte como la Física no es un sistema rígido de reglas, sino que depende de la creatividad y que lo importante es encontrar la solución al problema y no el camino que se toma.También sirve para sacar pecho y decir “como molamos los físicos, ingenieros ¡buuuuh!”. El primer corolario se suele mostrar completamente falso según vas avanzando por los siguientes cursos y te vas encontrando con profesores cerriles que son incapaces de salirse de los apuntes que heredaron de algún prohombre (local) de la ciencia de principios de siglo (veinte).  El segundo… bueno.

Sin embargo, no saco esta anécdota para hablar de mis experiencias en la facultad, de lo guays que somos los físicos o para poner “anécdota” y “Niels Bohr” en mi blog y que Google mande a un puñado de incautos al mismo cuando la busquen, sino para plantear un problema similar:

“¿Cómo puedes medir los recortes en los servicios de limpieza de tu barrio con un metro?”

Pues es muy sencillo, coges un metro y un calendario. Dejas el metro en la acera y cada día que pasa y el metro sigue en el mismo sitio lo marcas en el calendario y corroboras que por ahí no ha pasado un barrendero. En mi caso, el metro lo dejó alguien desconocido, pero paso todos los días por ahí para continuar con su experimento. Por ahora, la cuenta va por un mes y medio sin que nadie pase una escoba por la acera.

Metro de Madrid

Día 15 de mi estancia en esta esquina, parece que a los locales no les incomoda mi presencia aquí.

Metro de Madrid

*ding dong ding* Metro de Madrid informa: Con motivo de que por su barrio no pasan turistas ni gente de parné y la elevada densidad de inmigrantes, el servicio de limpieza se encuentra suspendido hasta que las ratas alcancen el Corte Inglés más cercano. No hay ningún servicio alternativo de limpieza y le seguiremos pasando el recibo de los impuestos pertinentes en fecha *dong ding dong*

Hay que decir que este experimento se puede hacer con otro tipo de sondas y controlando más parámetros. En concreto, en la esquina de enfrente hay un vómito que lleva más de dos meses y que empezó de un color rosa calimocho y ha ido virando a amarillo leproso. He preferido fotografiar el metro por aquello de lo asqueroso que es.

Para terminar, os dejo con el aspecto habitual de los contenedores y esquinas del barrio, que no tienen nada que envidiar al la actual huelga de basuras de Lugo o a la que hubo hace unos meses en Madrid.

 

Madrid de Noche

Madrid de Noche

Madrid de Día

Madrid de Día

Ciudadano aportando su granito de arena. No he sido yo, ¿eh?

Ciudadano aportando su granito de arena. No he sido yo, ¿eh?

El parque pijo

Como dueño de perros, voy a parques tres veces al día. Cuando vas mucho a un sitio tiendes a cambiarle el nombre oficial por uno basado en sus características. Así, en mi barrio, yo tengo rebautizados varios parques como “el grande”, “el pequeño”, “el viejo”, “el sucio”, “el de mierda”, “el del barro”, “el de los macarras”, “el pijo” o “el de hormigón”. En general queda bastante claro cual es la principal característica de cada uno y cuales son deseables y cuales no. Así, si llueve no conviene ir al del barro,  si no quieres que tus perros enfermen no irás al de la basura y si no quieres debatir sobre el absoluto hegeliano con la bohemia del barrio y sus rottweilers sueltos no deberías ir al de los macarras.

Me cago en tu puta madre, en sí y para sí. ¿Que no?

Te voy a meter un buco que el fenómeno te va a parecer noúmeno, ¿Que no?

Por supuesto, estos nombres sólo definen el aspecto más destacado de cada uno de ellos. Puedes encontrar macarras en el grande, basura en el de hormigón, barro en el pequeño… Así que los nuevos topónimos sólo sirven para dar impresiones generales y normalmente la decisión de a qué parque ir va a depender sobre todo de cuanto tiempo tengas y a qué distancia esté.

De entre estos parques, a veces voy al que he llamado el pijo. Es fácil ver por qué le doy ese sobrenombre: tiene un campo de golf de nueve hoyos y uno de esos sitios donde los golfos practican a dar el mismo golpe todo el rato. Los que conozcan esa parte de Madrid sabrán que hablo del Parque de Santander o, como decidió llamarlo algún poeta después de su remodelación, el Centro de Ocio y Deportes Tercer Depósito del Canal de Isabel Segunda.

De ocre pelaje mis perros ya mean y junto al acanto el melífluo Expósito enhebra las ramas de las achilleas del Centro de Ocio del Tercer Depósito

“…de ocre pelaje mis perros ya mean
y junto al acanto, el melífluo Expósito
enhebra las ramas de las achilleas
del Centro de Ocio del Tercer Depósito…”
Rubén Darío

Aunque el nombre es totalmente prosaico (y largo) resulta ser muy descriptivo: Centro de Ocio y Deporte porque ya no es un parque; Tercer Depósito porque está encima del tercer depósito del Canal, y del Canal de Isabel Segunda porque ya no es de los madrileños, sino de una empresa privada.

Un poco de historia

El Parque de Santander era un pequeño espacio con árboles en el barrio de Vallehermoso, cerca de los límites del distrito de Chamberí. Un triángulo de tierra en el que en tiempos se podía dar un paseo corto. Era una de las pocas zonas verdes del citado distrito y, pese a su reducido tamaño, posiblemente la mayor. Tras muchos años sin zonas verdes, en 2003 se proyectó ampliar el parque para que cubriera el Tercer Depósito del Canal de Isabel II, por aquel entonces una empresa pública de la Comunidad de Madrid.

El proyecto sonaba bien y razonable, pero es difícil darle a un político un terreno y que no se le ocurra cómo sacar tajada para él y para sus amigos constructores, de manera que la Comunidad de Madrid decidió poner, por sus santos cojones, un campo de golf cerrado en medio de un espacio que se suponía de uso público. Por aquel entonces, las rencillas entre Gallardón y Aguirre ya eran más que evidentes y por una vez pareció que iban a servir para algo al ciudadano: el ayuntamiento denegó la licencia por introducir cosas que no estaban en la idea original.

Pero Esperanza Aguirre debía de tener más amigos que Gallardón y consiguió levantar la suspensión de la licencia, consiguiendo permiso para construir un campo de golf y varias pistas de pádel gestionadas por una empresa privada en aras del “interés general” de los vecinos. Los vecinos, por su parte, manifestaron su rechazo al pelotazo de la Comunidad, pero ya sabemos como es esto: los políticos saben mucho más del interés general que los propios interesados.

En este caso, los vecinos “ganaron”: se llevó a juicio y los jueces decretaron ilegal la construcción del campo de golf y demás instalaciones, siendo rechazado el recurso interpuesto por la comunidad en Enero de 2013, hace justo un año.

Sin embargo, pese a la victoria en los tribunales, el campo de césped artificial y sus monstruosas torres de iluminación con sus redes de contención siguen en el mismo sitio. El actual presidente (no electo) de la Comunidad dijo que no se va a retirar y que solucionarán “por trámite administrativo” lo que perdieron por vía judicial. Esto quiere decir algo así como “como no cumplimos la ley, haremos que la ley cumpla“. Trampas, vaya. Así que, después de diez años y una victoria judicial, los ciudadanos finalmente perdieron. Si hubiéramos estado más irritados cuando empezó todo esto, igual se habría montado un “Gamonal” y, ¿quién sabe?, tendríamos el parque entero para todos.

Mal de muchos consuelo de tontos, dice el refrán, y como nuestros políticos creen que somos tontos, tratan de consolarnos haciendo las mismas tropelías (o peores) a muchos otros vecinos de la Comunidad de Madrid, destruyendo parques, zonas verdes y espacios protegidos para la construcción de centros destinados a deportes elitistas. Por citar un par de ejemplos dejaré por aquí lo del campo de golf de Tres Cantos o el nuevo proyecto de mega complejo de hípica en la Dehesa de Sotomayor Aranjuez.

El parque hoy

Hoy en día, el Parque de Santander, lo que es el parque en sí, es prácticamente igual a como era antes de que lo tocaran. Si miráis lo que cuentan por la red veréis que se dice que el parque se ha ampliado hasta los 60.000 metros cuadrados, con sus pérgolas, sus manzanos y demás bonanzas. Lo que no detallan es que todo el centro del parque está vallado y destinado al golf, el pádel y el fútbol (pagando, claro) y que para pasar del parque de toda la vida al estrecho anillo de la parte nueva por el que se puede andar hay que atravesar una pista de atletismo con una marabunta de corredores cuya densidad crece exponencialmente con el buen tiempo y que no van a pararse porque tú o una señora con andador queráis pasar.

Si a los corredores normales añades los que van al revés y por fuera de la pista (yo los llamo portadores minoritarios, en este caso creo que son huecos, como sus cabezas), los señores mayores que no corren pero que han decidido que se pasea mejor por el suelo blandito y la gente que va con música y no mira a su alrededor, la probabilidad de choque llega a niveles de las rebajas de enero en un centro comercial cualquiera.

Una vez atravesada la pista de atletismo y según por donde entres te puedes llegas a diferentes sitios: si entras desde el Oeste te encuentras con la malla de contención de pelotas del campo de golf, poco puedes hacer por ahí. Si vas por el Norte, acabas en una zona muy agradable con rosales, piedras en el suelo y una fuente, es de las pocas partes nuevas que se pueden llamar “parque”; también te puedes encontrar con las pelotas de golf que la valla no contiene (y si se lo comentas al personal de seguridad te recomienda que te unas a los muchos ciudadanos que han presentado una queja por lo mismo y que no han servido para nada) y tus oídos se verán inundados de los gritos de los jugadores de fútbol de los campos colindantes, que nada tienen que ver con lo que el COI vende como espíritu olímpico.

Si cruzas la pista de atletismo por el Este, te encuentras con las famosas pérgolas, donde la gente va a hacer yoga y esas cosas, y más vallas de recintos privados, en esto caso los campos de pádel y de fútbol. Si llegas por el Sur, desde Islas filipinas, apareces en el restaurante Fábula y la tienda de artículos de golf de la empresa concesionaria. Ninguna de esas cosas son las que uno se esperaría encontrar en un parque, al menos yo no conozco ninguno así.

Por la noche, todas estas zonas están bien iluminadas por farolas altas y bajas. O mejor dicho, lo estaban. Desde hace un tiempo han decidido que no encienden la iluminación del parque y sólo dejan la de los campos de golf, fútbol y pádel, unas monstruosas torres de focos, que no creo que sean de bajo consumo, y que no sólo no iluminan a la parte del parque que está abierta al público, sino que si las miras directamente te ciegan. Y normalmente, toda esa potencia ilumina una campo de prácticas de golf que están usando entre una y tres personas, mientras que por el resto del parque pasean y corren varias decenas.

Ahorramos en esto...

Ahorramos en esto…

...pero no en esto.

…pero no en esto.

En definitiva, que del nuevo Parque de Santander yo sólo uso el viejo, y lo que ocurre en el resto, o no me importa (los corredores, la fuente de colores, las pérgolas), o me molesta (los corredores idiotas, ver un espacio público convertido en negocio privado, el impacto estético, los gritos de los futbolistas, zonas valladas, etc…).

Como anécdota final contaré que, durante sus vacaciones de Navidad, un señor gallego me preguntó a través de la valla del parque si había alguna cancha de fútbol. Yo le dije que dentro había campos de fútbol normal y 7, pero que eran pagando. El buscaba una cancha de cemento de fútbol sala para que sus nietos le dieran cuatro patadas a la pelota y no supe decirle dónde había una cercana. Su sincera respuesta, que puso fin a la conversación, fue: “Pues vaya mierda, Madrid”.

En realidad conozco una de baloncesto, que hace unos años le podría haber valido. Su entrada a día de hoy es que han quitado las canastas y lo único que está limpio y libre de cristales es este cartel del ayuntamiento.

En realidad conozco una de baloncesto, que hace unos años le podría haber valido. Su estado a día de hoy es que han quitado las canastas y lo único que está limpio y libre de cristales y mierdas de perro es este cartel del ayuntamiento.

Igual si, en lugar de hacer mierdas monumentales para las empresas de sus amigos, limpiaran las calles (no sólo las del centro turístico), pusieran espacios públicos de verdad, bien cuidados y con  utilidad para los ciudadanos (como que un par de niños puedan patear pelotas en el barrio sin que sus padres tengan miedo de que acaben desapareciendo entre la basura), madrileños y visitantes nos encontraríamos más a gusto en esta ciudad.

Glasgow

Desde que llegué a Edimburgo mi compañero de laboratorio, un polaco que vive en Edimburgo desde hace cinco años y que se ha mudado recientemente a Glasgow, me dice regularmente que tengo que conocer su nueva ciudad. Al final decidimos que tenía que ser este sábado, porque ya casi no me queda tiempo antes de volver a España.

La conexión entre Edimburgo y Glasgow está muy bien. Cada 15 minutos sale un tren que tarda unos 50 minutos en cubrir todo el trayecto, con sólo tres o cuatro paradas. Si no quieres pagar mucho, también hay un autobús que tarda un poco más pero que es considerablemente más barato.

Por lo que había oido, Glasgow es una gran ciudad industrial, llena de gente, más caótica y sucia que Edimburgo. En general se considera que es más fea, muy ruidosa y que no tiene tanto atractivo turístico. Aunque es cierto que Edimburgo es mucho más “coqueta”, mi impresión como madrileño es que no tienen ni idea de lo que es caos, humo, tráfico, suciedad, superpoblación y demás términos que normalmente asocian a Glasgow.

Es una ciudad grande para los estándares escoceses, pero la población no llega al millón de personas. Por comparar con algo me me queda más a mano, las diferencias entre Edimburgo y Glasgow vendrían a ser las que hay entre Oviedo y Gijón: Edimburgo está más cuidada para los turistas, mejor puesta y es, en general, más pijita. Glasgow es una ciudad pequeña con más movimiento de gente, más jóvenes y más carga industrial.

La Estación Central de Glasgow, junto a la principal avenida comercial.

La Estación Central de Glasgow, junto a la principal avenida comercial.

Como mi amigo me dijo que iba a llegar un cuarto de hora tarde, decidí darme una vuelta alrededor de la estación y por la plaza donde está el ayuntamiento. Si que se ve más ajetreo que en Edimburgo, pero también es cierto que la estación está en pleno centro y que justo decidí venir en el Día de San Andrés, que es fiesta nacional. Mi visita también coincidió con la mañana posterior al extraño accidente en el que un helicóptero de la policía se estrelló contra un pub en un edificio de un piso, dejando varias víctimas.

La sede del ayuntamiento de Glasgow, de luto por el suceso del día anterior.

La sede del ayuntamiento de Glasgow, de luto por el suceso del día anterior.

Ya con mi amigo, nos fuimos a dar una vuelta por las calles de Glasgow, las galerías, la universidad, el río y demás zonas visitables.

Un puente sobre el Río Clyde

Un puente sobre el Río Clyde

Curioso monumento a los habitantes de Glasgow que fueron a España con las Brigadas Internacionales. No se ven muchos de estos por casa.

Memoria histórica

Había hablado con Artur de mis anteriores visitas al Jardín Botánico de Edimburgo. Debió pensar que los jardines botánicos son mi obsesión e insistió en que fuéramos a visitar el de Glasgow. Aunque lo que es el jardín es bastante más espectacular el de Edimburgo, los invernaderos del de Glasgow están muy bien cuidados y tienen una colección de orquídeas bastante espectacular.

Para muestra, cuatro botones

Para muestra, cuatro botones

Después del jardín botánico nos fuimos a casa de Artur a comer y a tomar un whisky de la joven destilería de la Isla de Arran y utilizamos la tarde en practicar el deporte nacional: ir al pub. Después de lo del Jardín Botánico y el primer pub al que fuimos empecé a pensar que sabía español y leía mi blog, porque si no no me explico que la casualidad pusiera esto en el Hilhead Bookclub:

Una NES en perfecto estado con el cartucho de las Tortugas Ninja, entre otros...

Una NES en perfecto estado con el cartucho de las Tortugas Ninja, entre otros…

Back to the 90s

…junto con sus primas Super Nintendo (nótese el Mortal Kombat), Mega Drive y Master System II

Después de darle una paliza al Super Mario Kart y de que él me diera una a mi al juego de tenis de ‘la súper’, nos fuimos a un pub que ya he visitado varias veces en Edimburgo: el Brewdog. El de Glasgow es mucho más grande y, al no estar en el mismísimo centro, no está tan lleno. Si no fuera porque me voy enseguida, me sacaba el carnet de socio.

Después de los pubs llegaba el momento de irse a casa en el último tren de la noche, a las 23:30. Para ello tuve que coger el trenecito de juguete que aquí consideran su “metro”.

Mis ojos casi quedaban por encima del techo del vagón. Una vez dentro, el minúsculo tren se escapa por ese agujero Hobbit.

Mis ojos casi quedaban por encima del techo del vagón. Una vez dentro, el minúsculo tren se escapa por ese agujero Hobbit.

Como era de esperar, el último tren entre Edimburgo y Glasgow un sábado fiesta nacional era un hervidero de borrachos. Y, pese a la fama que tenemos los españoles, los británicos también son muy escandalosos. El tipo que tenía al lado estaba tan borracho que se pasó 40 minutos del viaje diciéndole a su apenado amigo, sin parar de darle toquecitos en el brazo: “are you… are… are you… are you… are you blue?”, ante lo que el otro respondía desde el otro lado del pasillo “I… don’t… know”. Dantesco. Aparte de eso, llegué a casa sin ninguna complicación.

El servicio de recogida de basuras

Llego un poco tarde al tema de la basura, ya hace un par de semanas que terminó la huelga en Madrid. Pero no es de ese servicio de recogida de basuras del que quiero hablar, sino del de Edimburgo. Desde que llegué me tiene loco.

El primer día que puse un pie en esta ciudad, me encontré con que mi compañero de piso tenía montado el siguiente sistema de separación de residuos: en el cubo de la basura tiraba la comida y las servilletas y en un balde de los de la colada ponía todo lo demás: latas, botellas de cristal, cartones, tetra-bricks… Me explicó que había unos cubos verdes, de los de toda la vida, donde se echaba la basura orgánica, y luego varios tipos de recipientes (rojo, azul, negro) donde se ponían las diferentes cosas reciclables. Todo parecía tener sentido pero… mi compañero estaba equivocado.

Después de una semana y media acumulando mierda, le dije que ya era momento de sacar la basura. Me dijo que no sabía cuándo había que sacarla, asó que decidí coger las bolsas y descubrirlo por mi cuenta. Cuando fui a sacar la basura me encontré con una constelación multicolor de contenedores de las diferentes viviendas de la zona y no sabía muy bien dónde poner cada cosa. Porque el del 15 tenía los cartones de pizza en el recipiente rojo, mientras que el del 3 utilizaba el rojo para el plástico. Para añadir más salero a la confusión, vi que había un contenedor azul con un 8 pintado que tenía periódicos.

Decidí darme la vuelta y volver a dejar las bolsas en su sitio. ¿Quién sabe?, igual podíamos aguantar tres meses hasta y que se encargue el casero… Pero yo no puedo vivir entre tres meses de mierda, como mucho puedo convivir con tres o cuatro semanas de residuos. Así que cogí al primer escocés que vi y le pregunté que cuándo y cómo tenía que tirar la basura. En este barrio hay mayoría de inmigrantes, pero estaba claro que este tipo era escocés: aquí el refran no es “verde y con asas”, es “pelirrojo y con barba”.

Mi vecino escocés, con la amabilidad y educación que les caracteriza, dejó su bici a un lado y trató de explicarme durante unos 15 minutos de reloj como funcionaba el sistema de recogida de basuras. Al parecer, una vez por semana vienen a recoger la basura. En este barrio es los lunes entre las 9 y las 11 de la mañana. Pero amigo, cuando dicen “recoger la basura una vez por semana” quieren decir que una semana viene un camión a recoger el cubo marrón y otra semana viene otro a recoger el cubo verde. El cubo marrón es en el que se tira la basura del jardín (hojas, rastrojos…) y el cubo verde es el de la basura general, no reciclable.

Bien. Hasta ahí entendido. Hojas y matojos al marrón, cosas orgánicas que no sean hojas y matojos al verde. ¡NO!. Las cosas orgánicas NO van al verde, aquí se recicla lo orgánico, y va en el contenedor negro, que es más pequeño y si que se recoge una vez por semana. Decidí ignorar por el momento lo que me dijo sobre las demás cosas reciclables e ir corriendo a casa a coger la basura orgánica, que es la que huele, y tirarla al contenedor negro.

Cuando volví a salir, el vecino estaba terminando de ponerse el casco y, al verme tirar la basura orgánica al contenedor que le correspondía me dijo ¡detente!. Empezaba a pensar que no había entendido nada y que igual en escocés negro se decía verde, pero ese no era el problema. Estaba tirando la basura orgánica en el contenedor adecuado, pero no en la bolsa adecuada. No se puede tirar la basura en bolsas negras, hay que tirarla en bolsas transparentes de las del supermercado, que son biodegradables. Si no, no te la recogen.

Cambié la basura de bolsa y me fui a trabajar. A la vuelta se habían llevado la basura orgánica, así que pude recoger mi cubo e irme a casa. Una vez allí, descubrí que teníamos un “práctico panfleto de nevera” en el que explicaban como se reciclaban el resto de cosas.

"De nevera" porque lo dicen ellos, es una hoja de papel.

“De nevera” porque lo dicen ellos, es una hoja de papel.

Podría reproducir aquí con colores y negritas cómo hay que reciclar en Edimburgo, pero creo que os va a quedar mucho más claro si echais un vistazo al interior del práctico panfleto:

Clarísimo. Cristalino.

Clarísimo. Cristalino.

Clarinete, ¿no?. Por detrás vienen las instrucciones de cómo separar dentro de cada contenedor los diferentes tipos de materiales reciclables, pero creo que ya es demasiada información. Os lo podeis imaginar: el cartón en bolsas de papel, el cristal en bolsas de un plástico rígido que no sea transparente ni negro, el papel en bolsas azules, la ropa en bolsas de tela(estas dos últimas las veis en la imagen anterior)… Vamos, que reciclar aquí es más difícil que sacarse un doctorado.

Además, los días del contenedor azul y rojo también son diferentes y van alternando de una manera extraña, estoy empezando a sospechar que algo tiene que ver con el calendario lunar celta…

Cuando por fin entendí el dónde y el cuándo había que reciclar encontré otro práctico panfleto en el que avisaban que los días de recogida de basura habían cambiado. Fue en ese momento donde decicí pasar de que me recogieran nada y llevar yo mismo la basura reciclable a los contenedores que hay repartidos en algunas intersecciones. Así que, cada varios días, me iba con mi bolsa de latas, mi bolsa de cartones y mi bolsa de cáscaras de huevo y trozos de filete a los contenedores de al lado del autobús y me iba a trabajar tan tranquilo.

El problema volvió a llegar, esta vez de la mano del vidrio. Resulta que en la esquina en la que estaban los contenedores que usaba habitualmente no había contenedor de vidrio. Ni en la siguiente. Ni en la de más allá. Después de andarme bajo la lluvia varios cruces sin un contenedor de vidrio (pero con un par de libros desechados de Terry Prachett que he añadido a mi colección), pregunté a un viandante y me dijo que aquí son tan respetuosos con el descanso de los demás que los contenedores de vidrio los tienen en sitios con pocas viviendas, para que no moleste el ruido que hace cuando lo tiras.

En internet encontré varios puntos cercano a casa donde si que podía reciclar vidrio. Ninguno de ellos estaba en su sitio. Ahí es cuando decidí que lo siento por su proyecto de EdenBurgh, pero que los cartones, la comida, el vidrio y el plástico tenían su lugar en mi cubo verde. Poco después descubrí que la decisión que han tomado la mayoría de los locales: aquí sólo reciclan los inmigrantes primerizos, porque las empresas encargadas de ello parece que hacen lo imposible para evitar que se recicle.

Por último me gustaría añadir que, mientras en Madrid bajan los sueldos a basureros, barrenderos y trabajadores de parques y jardines e intentan por todos los medios reducir plantilla, aquí la limpieza de las calles y zonas verdes da trabajo a mucha gente y deja una ciudad impoluta:

Una cuadrilla de siete tíos  pertrechados con todo tipo de artilugios para limpiar una mediana. En mi barrio para un parque entero hay dos trabajadores con un soplahojas y un rastrillo.

Una cuadrilla de siete tíos pertrechados con todo tipo de artilugios para limpiar una mediana. En mi barrio para un parque entero hay dos trabajadores con un soplahojas y un rastrillo.

Tortugas Ninja Mutantes Adolescentes

Uno de los entretenimientos con los que he estado ocupado esta última semana ha sido jugar, una vez más, a mis juegos preferidos de la NES gracias a un emulador para Android. Por supuesto, tenía que compartirlo, y voy a hacerlo en diferentes entradas. Mi duda entonces ha sido: ¿Por cuál empiezo?.

Durante mi infancia jugué a muchos juegos diferentes y no sabría decir cuál es mi preferido. Lo mismo me ha pasado en las tardes de estos últimos días. Así que he decidido empezar por una pequeña “joya” de los juegos de acción de plataformas. Para aquellos que os dejais el título para el final, estoy hablando del juego de las Tortugas Ninja (…mutantes adolescentes).

TMNT Título

Teenage mutant ninja turtles, teenage mutant ninja turtles, TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES, heroes in a half-shell… TURTLE POWER!!! Estas dos frases, cuando era pequeño me sonaban más bien a: “Nananana naaa naaa, chincha power!”

¿Por qué empiezo por este? Porque me ha dado por ahí, básicamente. También porque el juego no va sólo, va acompañado de la serie de dibujos animados, la película y los muñequitos de Bandai, todas ellas cosas que jugaron un papel importante en una determinada época de mi infancia. No se si es por ellas por las que acabamos teniendo a “Ñu”, “Ñua” y “Hensimicorde”, tres galápagos con tendencias suicidas, pero seguramente si que tuvieron bastante que ver en la cantidad de nombres de armas japonesas que conozco. Recuerdo salir del cine con mi hermano del estreno de una de las películas no parar de darnos paradas voladoras hasta llegar a casa.

El juego de Nintendo es un juego de plataformas más, que no destaca especialmente por sus gráficos, pero que era entretenido y difícil. He leido un walkthrough por ahí en el que dicen que es muy fácil y que los malos que aparecen en el juego se los inventaron sobre la marcha y que no tienen nada que ver con la serie. A lo primero diré que sí, es muy fácil, si juegas en un emulador en el que puedes grabar y cargar cuando quieras, pero pasarselo del tirón a mi me parecía realmente difícil. Había infinitos continues, pero te llevaban de nuevo al principio de la pantalla y no todos podíamos dejar la consola encendida toda la noche. A lo segundo, muchos malos si que eran de la serie, como los ratones mecánicos, los soldados del Clan del Pie, Rocksteady, Bebop y los hombres rata. Algunos son malos genéricos, como los globos con el símbolo del Clan del Pie, los robots que te lanzan la cabeza, los hombres de fuego y una especie de monos-astronauta saltarines, pero es un juego, leñe.

En la imagen: Roksteady, Rafael y April.

En la imagen: Roksteady, Rafael y April.

Como juego de plataformas tiene un par de cosas interesantes. La diferencia más importante con otros juegos es que controlas a las cuatro tortugas, a las que puedes ir alternando en cualquier momento del juego según te convenga. Las diferencias entre ellas son simplemente el arma: Rafael tiene los sais, poco alcance y mucho daño; Michelangelo tiene los nunchacus, poco alcance y poco daño (un inútil), Leonardo va con katana (bastante distancia y poco daño) y Donatello va con el bo (que hace mucho daño y tiene mucho alcance). El mejor es Donatello, y era mi preferido en la serie, así que por mi estaba bien. Aunque igual era mi preferido en la serie porque era el mejor del juego, con los niños nunca se sabe…

El puto amo. Los que prefirierais otro estabais equivocados.

El puto amo. Los que prefirierais otro estabais equivocados.

Aunque la mayor parte de la acción es en plataformas, también hay parte del juego que se desarrolla en un mapa. En el mapa no hay mucho que hacer salvo ir de alcantarilla en alcantarilla y de edificio en edificio. Por el camino te puedes encontrar con soldados del Clan del Pie, que no suponen ningún desafío, o con unas extrañas apisonadoras moradas que si te cogen estás frito.

En la foto: Leonardo, dos alcantarillas y un pobre pringado del Clan del Pie

Leonardo, dos alcantarillas y un pobre pringado del Clan del Pie

Los malos eran, en general, fáciles de matar. Lo que era difícil era vencerlos sin que te hicieran daño. Y como no había muchas pizzas repartidas por el juego (que eran la manera de conseguir vida), al final era muy probable que acabaras con todas tus tortugas al límite de su vida y alguna acabara muriendo. Bueno, en realidad si perdían todos los puntos de vida no morían, sino que eran capturadas. En ciertos puntos del juego podías rescatarlas y se volvían a unir a tu equipo, pero no era tan fácil llegar a esos sitios.

La historia no era nada del otro mundo: Splinter (el maestro Astilla) pide a las tortugas ninja que rescaten a April. Cuando rescatas a April, el Clan del Pie ha secuestrado a Splinter y hay que rescatarlo. Una vez rescatas a Splinter, hay que ir a por el jefe de los malos, Shredder (no confundir con el canciller alemán).

Rafael se da cuenta de que se han llevado a la rata. Posiblemente el mejor gráfico del juego.

Rafael se da cuenta de que se han llevado a Splinter. Posiblemente el mejor gráfico del juego.

No se si hay algo más que hacer después de encontrar a Shredder, porque hasta ahora sólo llegado hasta ese punto. Y es más o menos donde me quedaba cuando jugaba de pequeño. El motivo de que me quedara ahí es la fase del agua. Todos los juegos de plataformas tienen una fase del agua y casi siempre es la más difícil. En las tortugas ninja no podía ser de otra manera.

La mayor parte de las veces no pasaba de esta fase. Aunque recordaba la siguiente, así que alguna vez me la pase, aunque la recuerde con horror.

Casi nunca pasaba de esta fase. Aunque recordaba la siguiente, así que alguna vez me la pasé. Era uno de los momentos más estresantes que se podían pasar delante de la consola. Creo que hasta contenía la respiración.

Esta fase era diferente a todas las demás: no había que pegarse con nadie. Lo único que había que hacer era bucear por unas galerías subterráneas cercanas a una presa que el Clan del Pie ha llenado de explosivos en algún momento entre el secuestro de April y el de Splinter. El objetivo es encontrar las ocho bombas y desactivarlas. El problema es que las paredes de la gruta están llenas de algas eléctricas, hay corrientes que te arrastran a unas anémonas que te matan con tocarte y además hay rayos y las turbinas de la presa. Había que tener un pulso importante para mantener a la tortuga a salvo de los peligros subacuáticos, pero además había que pensar rápido porque a todo eso se le añade que había tiempo. Lo normal era perder una o dos tortugas en el periplo.

Cuando veías esta imagen quería decir que ya podías volver a respirar y que habían pasado los dos minutos más estresantes de la tarde.

Cuando veías esta imagen quería decir que ya podías volver a respirar y que habían pasado los dos minutos más estresantes de la tarde.

Lo que pasaba después de esta pantalla lo recuerdo más vagamente. Conseguías la furgoneta, eso si lo tenía claro: me había pasado la fase de la presa. Pero después te vuelves a meter en un lío de alcantarillas y edificios en los que hay que usar cuerdas para pasar de azotea a azotea. Al final terminas pegándote con una tortuga ninja azul (de piel azul, no con la bandana azul) que se convierte en un robot que te tira misiles cuando la vences. Hasta ahí llegaban, cada vez más borrosos, mis recuerdos. Después de eso vas a una especie de base aérea, pero eso ya no forma parte de mi pasado y he decidido dejarlo para cuando tenga tiempo. Sólo comentaros que es una locura con imanes gigantes, lava y aviones que te tiran bombas sin ton ni son.

Lo de la furgoneta era un subidón: quería decir que te habías pasado la fase del agua y además te permitía acabar con las malditas apisonadoras.

Lo de la furgoneta era un subidón: quería decir que te habías pasado la fase del agua y además te permitía acabar con las malditas apisonadoras.

Bueno, eso ha sido todo por hoy. Voy a ver si me hago con los comics de las tortugas ninja, que me han dicho que están mucho mejor de lo que podría esperarse después de este juego.

 

¡No dejéis de jugar!

Perros, relojes y machistas

Llevo un tiempo sin publicar, fundamentalmente por dos motivos. El primero es que no he hecho gran cosa que merezca la pena contar. He estado básicamente trabajando y disfrutando de un recién descargado emulador de NES que pronto dará sus frutos en forma de entradas de juegos nostálgicos.

El otro motivo es que quería iba sobre la anécdota que voy a contar hoy, que pasó hace unos días, pero quería hacer algunas fotos mejores de las que tenía para ilustrarla. Así que el sábado aproveché para darme un paseo por el centro, comprar encargos y regalos para diferentes personas y hacer las fotos.

Pues bien, fue el paseo más infructuoso de la historia. Los encargos que tenía no fueron necesarios y los regalos que iba a comprar ya no existían, así que una vez más acabé comprándome regalos a mí mismo: un par de libros viejos de ciencia ficción

Lo peor de todo es que cuando llegué a casa e iba a descargar las fotos para la entrada y alguna más de la noria que han puesto por navidades en Princes Street, me di cuenta de que no llevaba la tarjeta de memoria en la cámara… Así que las veinte o venticinco fotos que intenté hacer nunca existieron. Una pena, hacía un día precioso.

Noria Princes Street

Por algún motivo que desconozco, también tire una única foto con el móvil, así que por lo menos sirve para dar una idea de lo que había…

La anécdota que quería contar, en cualquier caso, no es especialmente asombrosa pero es un detalle típico de Edimburgo que hasta ahora no había llegado a mis oidos. Tiene que ver con un reloj que se veía desde el parque que está junto al jardín botánico, por el que deambulábamos hace algunos días. Pasear por un parque con Elena suele implicar hacer fotos a perros, y en Inverleith Park hay muchos perros. Entre ellos estaba el que muestro en la siguiente foto, uno de esos obsesionados con las pelotas y los frisbees.

Hasta el punto de desafiar a la gravedad.

Hasta el punto de desafiar a la gravedad.

Los dueños de este perro era una pareja de en torno a los cincuenta años, muy agradables. Cuando nos vieron haciendo fotos a su perro, insistieron en tirarle el frisbee y la pelota repetidas veces para que pudiéramos captar la instantánea perfecta. No fue del todo posible, porque el hombre tiraba la pelota muy cerca y la sincronización es difícil, pero entre los consecutivos intentos salieron varias fotos bastante curiosas. Resulta que si subes fotos muy cercanas en el tiempo a Google+, hay un algoritmo que te las convierte en un GIF animado (sin que le preguntes) y este fue el resultado.

Para no estar hecho aposta queda bastante bien...

Para no estar hecho aposta queda bastante gracioso

El hombre, una amable escocés sin demasiado acento (gracias a Reorx) también se dió cuenta de que estábamos haciendo fotos de las panorámicas del centro de la ciudad que se ven desde Inverleith park, que cubren toda la zona de Princes Street, el castillo y Arthur’s Seat. En la dirección general de nuestro objetivo está el reloj del Hotel Balmoral, situado sobre la estación central de Edimburgo: Waverley Station.

Aprovechó la ocasión para contarnos la anécdota Edimburguesa que por lo visto siempre cuenta a todos los extranjeros y no iba a dejar pasar esta ocasión: que el reloj de Waverley Station está adelantado tres minutos a propósito. Desafortunadamente añadió que esto era así para que los maridos no pierdan el tren por culpa de sus mujeres que se quedan embobadas mirando escaparates en la zona comercial que es Princes Street.

Entre los edificios que se ven ahí al fondo, está el susodicho reloj.

Entre los edificios que se ven ahí al fondo, está el susodicho reloj.

Es un hecho conocido que el reloj va adelantado a y que sólo va en hora en Noche Vieja, aunque en ningún sitio dice que sea porque las mujeres son consumistas por naturaleza, sino que es por ayudar a los viajeros a no perder el tren. No hacía ninguna falta especificar el género, en esa misma calle también hay hombres apollardados mirando relojes de oro, corbatas y trajes.

Le perdonaremos al hombre su desliz machista por cuestiones generacionales y porque fue bastante amable, pero de alguna manera hay que hacerles notar que ese tipo chascarrillos sexistas (o, en ocasiones, homófobos) están más que pasados de moda, y a los que somos un poco más jóvenes (por lo menos a algunos) nos rechinan bastante.

En mi trabajo a veces trabajamos con ópalos, diamante u oro, y en los momentos en los que hay más personas que las habituales, como las visitas guiadas, nunca falla el típico retrógrado que hace el mismo comentario: “Eh, diamantes, cuidadín que aquí hay mujeres”. Me he encontrado en ese tipo de situaciones varias veces. En esos casos, por respeto, yo prefiero no decir nada delante de los pelotas que le siguen el rollo, pero lo que tampoco voy a hacer es reirme, aunque me miren con complicidad o me hagan gestos con sus cejas en plan “venga, ¡reid!”. En una ocasión, todos los de alrededor pensábamos igual y fue bastante gracioso ver como los ecos de la tontería que se acababa de decir rebotaban por las paredes del laboratorio ante una audiencia totalmente indiferente.

He de decir en nuestro favor que este tipo de comentarios los he oido siempre viniendo de gente de los avanzados paises del norte de Europa. La audiencia indiferente de la que he hablado antes estaba compuesta principalmente por españoles de todas las edades. Aunque aun tengamos mucho por avanzar en estos menesteres ¿es posible que en esto de la igualdad nuestra sociedad esté, aunque sea ligeramente, más avanzada?

Haciendo el burgués

En mi post sobre mi primera noche de bares de Edimburgo, os conté que una noche así no habría sido posible sin la compañía de un amigo catalán que me sirvió de guía por los bares y pubs locales. Gracias a él he conocido también otra parte de la cultura británica, igual de típica pero más tirando a la alta burguesía: el afternoon tea. En este caso en un restaurante más bien pijo en la quinta planta del Museo Nacional de Escocia (The Tower). Él ha trabajado durante bastante tiempo ahí y nos comentó que era una buena idea para ver las vistas desde la terraza del restaurante y pagar sólo el té, no una comida o cena enteras.

Y si que están bien las vistas. Ves el castillo "Desde el otro lado" y todos los tejados de la ciudad vieja.

Y si que están bien las vistas. Ves el castillo y todos los tejados de la ciudad vieja.

Así que allí nos fuimos Elena y yo, a ver qué tal se daba el asunto. No es un té normal, es un té con cosas, con muchas cosas. Barato no es, pero tampoco es tomarse un Hornymans y tirar para casa. Tienen una carta de tés y viene con comida, salada y dulce: básicamente sándwiches, bollos y pasteles típicos británicos. Trae tanta comida, que aunque lo que te cobran parezca caro para la hora de la merienda, acabamos tan llenos que no cenamos.

Lo de las pastas de te es sólo la mínima parte. Los cuencos de arriba del todo llevan natillas...

Lo de las pastas de te es sólo la mínima parte. Los cuencos de arriba del todo llevan una crema de mango y las barquillas con frutos rojos además llevan natillas.  Lo que hay al lado de la mermelada es una especie de crema extra-densa que alimenta sólo de verla y se come con los bollos esos redondos. Los sándwiches son uno de pollo y el otro de queso. Y los bizcochos ya casi ni me acuerdo: zanahoria, brownie…

Así que si a algun moderno le da por inventarse una versión vespertina del “brunch”, que tan de moda parece que está ahora por Madrid, que sepa que aquí lo llaman símplemente “té de la tarde” y que no sería ninguna novedad.

Bueno, voy a quitarme el monóculo y a hacer la cena, que no se puede comer fuera todos los días.

COPS

Ayer, al llegar a casa después de trabajar, me encontré con una nota de la policía en el buzón. Me pedía contactar con un oficial y en el motivo lo único que ponía era “CID enquiry”. Como no sabía lo que quería decir, pregunté a Google y a mi casero (en ese orden), a ver si era cuestión de algo rutinatio o si había hecho algo mal. Google me dijo un montón de cosas extrañas, pero la mayor parte de ellas tenían que ver con pasaportes y visados. Mi casero me dijo que llamara, que seguramente fuera para preguntarme por algún crimen que hubiera tenido lugar en la zona.

Como estamos en la Edad de Google y todo el mundo me había dicho que Edimburgo es una ciudad muy segura en la que nunca pasa nada, decidí pasar de mi casero y pensar que tendría que ver con algún tipo de identificación, seguramente relacionada con el visado de mi ex-compañero de piso indio. Además, en Madrid he visto y sufrido robos en el barrio y nunca he visto a ningún policía preguntar a nadie. Así que pensé que era mejor esperar al día siguiente y hablarlo con mi compañero antes de llamar, por si había pedido algún papel a la policía o algo así. Mi mentalidad española me decía, además, que es mejor no tener nada que ver con la policía, especialmente siendo extranjero…

Después de una tranquila noche de descanso, un café y un rato hojeando el twitter y las noticias, me dispuse a ir a trabajar. Podéis imaginaros mi sorpresa cuando, al abrir la puerta de la casa, me encuentro con doce policías mirando en mi cubo de basura y rastrillando mi pequeño jardín y los tres circundantes. Pese a no haber hecho nada malo, mis pensamientos fueron “¿Ando tranquilamente o me pongo a correr por los callejones y atravesando casas como el hermano de Billy Elliot?”. El policía que estaba bajo mi escalera debió ver mi cara de estupor e inmediatamente me dijo amablemente y con una sonrisa en la cara: “Oi, don’t worry, t’s not related with ye”. El resto, poco menos que se pusieron firmes para dejarme pasar. Aproveché para preguntar a una oficial sobre el papelote y lo primero que me dijo es que había habido un robo en el barrio y que llamara, que como me habían dicho, era para preguntarme por lo ocurrido el domingo por la noche, justo en la casa de enfrente.

Llamé y, tras preguntarme mis datos y confirmar que no me había enterado ni del NO-DO, el policía al otro lado del teléfono me pidió disculpas y muy educadamente me dijo que no me volverían a molestar.

Hasta ahora, en España, la impresión que tenía de la policía se basaba en ver como persiguen y vejan a yonkis en los aledaños de la Gran Vía, como hostigan a los “manteros”, cómo se saltan sistemáticamente los semáforos y sin venir a cuento y demás actos de macarrismo gratuito. En lo personal, he topado con ellos varias veces, y nunca han sido muy majos: me han hecho bajarme del coche por ir fumando tabaco y preguntado si tenía estupefacientes o explosivos (vale con responder “no”, no te registran) y me han golpeado en la ventana de casa gritando a las dos de la mañana: “Eh, tú, hay ‘algo raro’ por ahí” (‘algo raro’ que podría haber tirado el tipo al que interceptaron violentamente y, una vez más, insultaron y humillaron junto a mi ventana. ¿Drogas? ¿Armas? No preguntes,no te van a contestar).

Ah, se me olvidaba la mejor, también me vi rodeado por tres coches patrullas y dos de la policía secreta cuando iba a acercar a mi novia a su casa de madrugada. Arranqué el coche y un coche negro con las ventanas tintadas y las luces apagadas se metió por dirección contraria y me dijo que bajara la ventanilla. Ante mi (creo que más que justificada) negativa, me enseñó su placa con un gesto macarrónico y me dijo que me bajara del coche. Mientras me registraban el maletero pregunté a una agente, seguramente novata, que qué pasaba. Cuando iba a contestarme la dijeron que se callara. Por supuesto, nunca me enteré de lo que pasaba en mi barrio. Nadie me pidió disculpas pese a estar a punto de provocarme un ataque al corazón.

Por supuesto no se puede generalizar en ninguno de los dos casos, sobre todo teniendo en cuenta que con la policía escocesa sólo he tenido un encuentro. También he conocido personalmente a un policía y un guardia civil que eran muy buenas personas y no se merecen estar en el mismo saco. Pero mi primera impresión, frente a la impresión generalizada que tengo en Madrid, es que aquí tratan a los ciudadanos como alguien para el que trabajan y al que realmente intentan ayudar y proteger, no como a un potencial delincuente, aun llevando pelo largo y barba y siendo extranjero.

En principio en este post sólo quería contar una anécdota, es impactante encontrarte a doce policías en la puerta de tu casa, pero al final me he ido calentando. He tenido serias dudas a la hora de publicarlo después de haber leido en la prensa sobre la nueva ley de (in)seguridad ciudadana, pero yo creo que no insulto a nadie. Por si acaso iré ahorando, a ver si llego a los 30.000€ antes de jubilarme.

Take a walk in the Leith side…

Los paseos por los cementerios de Edimburgo que conté hace dos posts terminaron en el Dean Cementery, cuyos muros lo separan de los jardines de la Galería Nacional Escocesa de Arte Moderno 2 (con lo de ponerle “escocés” a todo los nombres les quedan, en general, bastante largos). En realidad, íbamos a la Galería, pero como el cementerio estaba de camino, decidimos terminar el tour siniestro del día anterior, aprovechando el día de sol radiante que hacía.

Lamentablemente, el edificio 2 de la Galería Nacional estaba parcialmente cerrado porque estaban montando una nueva exposición. Sólo había dos pequeñas salas abiertas: una de coloristas escoceses y otra de surrealistas y Dada, con un pequeño grupo de cuadros de Miró, Dalí y Ernst. Por supuesto, la tienda también estaba abierta…

No miracles

Bueno, tampoco hay que ponerse así, no pedimos milagros, sólo algo más que 15 cuadros…

En cualquier caso, no era ahí a donde íbamos, sino a la Galería Nacional Escocesa de Arte Moderno 1, donde hay hasta Mayo de 2014 hay una exposición de Louise Bourgeois, sobre todo de obra gráfica y escultura. Yo personalmente no conocía a la artista (soy un poco inculto en lo que a arte se refiere, más cuanto más contemporáneo es el artista), y me ha parecido espectacular. Tanto que hasta nos sentamos a hacer algo que muy pocas veces he hecho: ver el típico video que hay en el que ponen imágenes del taller, entrevistas con ella y con sus (freaks) amigos y colaboradores. Una vida, obra y mente muy interesantes.

Al salir de la Galería nos dimos una vuelta por detrás de los jardines y encontramos una bajada al Water of Leith Walkway, un paseo de unos 15km a lo largo de las orillas del Leith que va desde su desembocadura al pueblo de Balerno, donde empezamos la excursión por las Pentland Hills. Yo había intentado encontrar el paseo en otras ocasiones y no había manera; luego descubrí que justamente la entrada por el barrio en el que vivo está cerrada por corrimientos de tierra, obras o algo así. En cualquier caso, estuvo muy bien encontrar un acceso en ese momento.

Gallery of Modern Art

El acceso a la galería desde el río es mucho más bonito que desde la carretera. Y se ahorran el “Scottish National”.

El paseo lo hicimos desde la Galería hasta Stockbridge, que serán entre uno y dos kilómetros más o menos. En ese trayecto te encuentras con deportistas, gente sacando a sus perros y poco más, rodeado por árboles de un lado y el río del otro y cruzando puentes en varias ocasiones.

Muchos árboles, no mucha agua, BASTANTE humedad.

Muchos árboles, no mucha agua, BASTANTE humedad.

Parece sólido, pero crujía bastante.

Parece sólido, pero crujía bastante. El puente hacia tu jubilación.

Y para terminar un gran día con Elena, con mono de ver perros y demás animalillos, ¿qué mejor que ir a alimentar a las ardillas en los jardines de Princes Street?.

Los jubilados de Edimburgo se lo tienen que pasar pipa. Son mucho más divertidas -y agradecidas- que las palomas. Una pensa que sean plaga y acabaran con las autóctonas...

Los jubilados de Edimburgo se lo tienen que pasar pipa. Son mucho más divertidas -y agradecidas- que las palomas. Una pena que sean plaga y acabaran con las autóctonas…